Curso de fortificación y poliorcética

Hasta donde alcanza mi memoria me gustaban y atraían viejos castillos y por extensión murallas y fortificaciones. Así, comencé a estudiar la arquitectura ya con la idea de dedicarme a su restauración. Cuando por fin me pude dedicar a la restauración, que para mí más bien es una pasión, me tocaron estudiar edificios de distinta índole, todos muy interesantes. No obstante siguieron atrayéndome los destinados a la defensa y ataque, unas acciones en las que el hombre siempre empleaba al máximo su ingenio creativo: es lo que me subyuga. Entre los momentos más bonitos de mi vida destacan los que, sentada delante de unas ruinas me imagino –igual que mi padre-, como seria el edificio en su momento de esplendor; me invaden ganas de transformarme en el edificio y saber como era hace siglos cuando estaba habitado y en uso.

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