Restauración de cubierta y bóvedas en la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción de Traiguera (Castelló)

1. PROYECTO

Antecedentes

En octubre 2002 la Unidad de Inspección de Patrimonio Artístico de Generalitat Valenciana de Castellón emitió un informe en el cual se constataban unos desprendimientos y caída puntual de revocos decorativos de la bóveda de la iglesia. Estos desperfectos, unidos a las humedades y agrietamiento, daños extendidos en las bóvedas y en los paramentos verticales, fueron el motivo del cierre de la iglesia al culto y la declaración, por parte de la Generalitat Valenciana, de obras de emergencia.

A lo largo del año 2003 se realizaron las obras que afectaron tanto la estructura del edificio –muros, bóvedas y cubierta- como la decoración interior, es decir los revocos decorativos tipo esgrafiados.

Reseña histórica y formal del edificio

La iglesia de Nuestra Señora de Asunción se sitúa al extremo noreste de una alargada loma, que es la base natural del antiguo núcleo urbano de la villa de Traiguera. El actual edificio se construyó en las primeras dos décadas del siglo XVII en el lugar de un templo anterior de estructura de arcos diafragma de la época de reconquista. Cabe añadir que la iglesia de Traiguera, junto con las iglesias parroquiales de los pueblos vecinos de Calig y Jana, es un bello ejemplo de arquitectura tardo renacentista del norte de Castellón (F.1).

 

La iglesia consta de una nave de 30 m de largo y 12 de ancho, formada por tres tramos separados por cuatro arcos fajones, concluida con un presbiterio poligonal (planos 1,2). Cuenta con un sistema de potentes contrafuertes entre los cuales se sitúan capillas comunicadas entre sí. En el espacio interior se une la estructuración de paramentos verticales de lenguaje renacentista con unas bóvedas tabicadas de crucería estrellada pertenecientes todavía al arte de construir de la época del gótico. La perduración de un elemento tan formalmente gótico, es decir la crucería dovelada, en un ambiente de comienzo del siglo XVII, aunque típica en el manierismo castellonense, no deja de sorprender. Esta interesante unión se puede quizá entender porque en la formación estructural de la iglesia se sigue, en gran parte y sin innovaciones, la práctica constructiva tradicional. Tan solo la decoración toma las expresiones y se adapta al nuevo estilo (F.2, 3).

    • F. 2
    • F. 3

Estructura de muros, sus daños y causas

La totalidad de los muros y contrafuertes de la nave es de mampostería ordinaria. La piedra utilizada en su construcción es calcárea local, de muy desigual tamaño y calidad. En los distintos paramentos se observan trozos de piedra labrada, posiblemente reutilizada del antiguo templo gótico.

Es importante detenerse en el paramento poniente, ya que en él residían las causas de los distintos agrietamientos, tanto del mismo muro como de la bóveda del tramo tres y de los revocos interiores (F.1). La nueva iglesia estaba diseñada en origen con la disposición de cuatro tramos y el presbiterio. Según la costumbre tradicional, la construcción comenzó en el presbiterio y varios años después se realizaron los tres tramos siguientes. El cuarto tramo, debido probablemente a dificultades económicas y también a la existencia de unas casas que ocupaban su lugar de emplazamiento y que el propietario no quiso derribar, no se llegó a construir nunca; es decir que la obra quedo sin concluir. Tampoco se construyó la fachada de los pies que actuaría como un muro de apoyo de la bóveda final y asimismo contrarrestaría sus tensiones de flexo-compresión. Para acabar la obra se levantó en su día, provisoriamente, en el espacio del último arco fajón el paramento poniente. Se trata de un elemento de cierre de no demasiada calidad constructiva.

El coronamiento de los muros, con la base en una fina cornisa de piedra labrada, interrumpida en las zonas de contrafuertes, presentaba, antes de las intervenciones, dos acabados diferentes (plano 3). El del presbiterio es un murete original, concluido con piezas de piedra calcárea esculpidas a dos vertientes y con un canalón de desagüe en su base, a continuación de la cubierta. El coronamiento del resto de la nave fue un paramento de mampostería tomada con mortero Pórtland, que finalizaba en un pequeño alero de teja de la cubierta (F.4).

 

Por los resultados de las investigaciones del subsuelo (estudio geotécnico y excavaciones arqueológicas) sabíamos que las causas de agrietamiento en la mitad superior del paramento poniente y de las bóvedas no se debían buscar en el terreno base. También sabíamos que el paramento poniente se levantó con la intención de provisionalidad. Antes de la intervención existía una separación de aprox. 2 cm en la superficie de contacto entre este paramento y el arco fajón y unas grietas verticales a cada lado del muro a la altura del enjarje de los nervios, que atravesaban todo el volumen del muro. No es fácil delimitar y separar exactamente las causas y los daños, pues se influyen mutuamente, pero podemos afirmar, con bastante seguridad, que bajo la acción del propio peso del muro, con un espesor excesivo de mortero en las juntas y con piedra de muy distinto tamaño, llegó a producirse el asiento material del mismo; la consecuencia fue la aparición de los citados daños (F.5,6,7).

    • F. 6
    • F. 7 (detalles de
    • F. 4 )

Otro defecto de los muros en general era las humedades, estas penetraron al volumen construido a través de gruesas juntas con mortero degradado o inexistente.

Estructura de cubierta, sus daños y causas (plano 3)

La cubierta es de teja árabe a dos vertientes de 23%. A través de unas catas previas a las obras se pudieron distinguir dos diferentes composiciones de la base, que corresponden al presbiterio la primera y a los tres tramos de la nave la segunda (plano 1):

1. Así, encima de la bóveda del presbiterio están colocadas piezas de cerámica de distinto tamaño: las de altura más destacada están en la zona de la cumbrera, las pequeñas o rotas sirvieron en el relleno de los senos y en general para la formación de las pendientes. La propia nivelación de la pendiente se creó con una capa de mortero de cal extendida sobre la base de cerámica. La cubierta de teja árabe está incluida directamente en la citada capa de mortero (F.8).

2. En cuanto a la composición de la base en la nave, ésta ya es prácticamente de tipo actual, es decir: las pendientes están formadas por hileras de tabiquillos paralelos, trabados a tramos con ladrillo colocado transversalmente. Esta estructura es el soporte de una solera hecha de la misma clase de ladrillo. Los senos de los tres tramos están parcialmente rellenos con tejas rotas o defectuosas, en ningún caso con recipientes de cerámica (F.9).

    • F. 8
    • F. 9

Respecto la cubierta sabemos, que siempre tenia problemas de dejar pasar humedades al interior del templo: se trata de un problema secular, ya que en un documento del siglo XVIII el obispado de Tortosa insta a als Jurats de Traiguera a reparar la cubierta de la iglesia porque había humedades. Puede ser que la cubierta, con poca pendiente, se retejó en alguna ocasión ya en los siglos pasados, momento en quedarse tapiados los respiraderos originales que observamos en las bóvedas. La última gran intervención, que incluía todo el retejado nuevo, se realizó en los años ochenta del siglo pasado, pero por ser una reparación deficiente -se colocó una tela asfáltica que inhibió la transpiración del conjunto (F.9)-, el problema de entrada de agua no se solucionó. En esta obra se formó también un pequeño alero de tejas que vertía el agua sobre los degradados muros (F.4).

Durante el desmontaje de la cubierta y del coronamiento de los muros en los tres tramos se descubrió el original sistema de desagües. Este consta de un canalón, de escasa profundidad y de 15 cm de ancho, creado por distintas piezas de piedra esculpida, situado al nivel de la fina cornisa perimetral. La superficie vertical, hacia la cubierta, de unos 30 cm. de alto, esta formada de tabique revocado con mortero de cal enlucido. El desagüe se realizaba, igualmente que en el presbiterio, a través de canalones y gárgolas de los contrafuertes. El canalón original del presbiterio, fue ensanchado e impermeabilizado con pintura a base de caucho en la reforma hace unos 20 años (F.10, 11).

    • F. 10
    • F. 11

Bóvedas (bóveda tabicada, nervios de crucería pétrea, revocos esgrafiados), sus daños y causas (plano 4)

Bóveda

Una vez colocados los andamios, se tuvo la oportunidad de estudiar de cerca la composición y el funcionamiento de la bóveda del tramo tres y del presbiterio. Se trata de una bóveda, como dicho mas arriba, de plementería tabicada, de dos hojas de ladrillo, que se apoya en todo su perímetro en los paramentos adyacentes -dos arcos fajones y dos paramentos verticales en el tramo tres, un arco fajón y el paramento vertical poligonal en el presbiterio-, a los cuales también transmite sus complejas tensiones interiores. Cabe añadir que el ladrillo utilizado (2,8x15x30 cm) es igual al de la base de la cubierta y que las hojas están tomadas con mortero de yeso la primera, con mortero de cal la segunda y que cada hoja está reseguida con una capa de mortero de cal. En la parte más alta de la bóveda, en la zona de la cumbrera de la cubierta, existen varios huecos formados por un tubo cerámico de aprox. 12 cm de diámetro.: son unas oberturas originales de ventilación que en alguna intervención pretérita se tapió.

El ya citado asentamiento del muro poniente sería también el causante de la separación entre la bóveda tres y el arco fajón del paramento poniente. La consecuencia de esta separación es asimismo la única grieta de la bóveda, es decir que este daño se debe a la falta de buen apoyo de la bóveda (F.12).

Los graves daños con peligro de caída material, centrados el tramo tres del espacio interior, consistían en la separación de claves y de varios segmentos de nervios de la bóveda –incluso faltó una dovela- y la ausencia de mortero de unión entre las dovelas (F.13, 14). Como dicho, hemos visto que la crucería estrellada del tramo tres estaba en parte desprendida de la plementería: esta patología nos indicó que la bóveda no está sustentada por los nervios, sino que se trata de dos elementos independientes. Es decir, la nervadura servia en su momento de cimbra para la definición de la plementería y su función posterior es puramente decorativa.

    • F. 12
    • F. 13
    • F. 14

Al no existir otras grietas en el resto de la bóveda, se llegó a la conclusión que su sistema de juntas con mortero es capaz de absorber los movimientos diferenciales ocasionados por falta de apoyo. Por el contrario, la crucería y la superficie de revocos, unos elementos independientes entre sí y de un material muy rígido, no pudieron soportar estos movimientos y como consecuencia, se separaron de la base y se agrietaron en caso de los revocos (F.15,16,17). Las claves sujetadas ya en el pasado con unas anillas de hierro forjado, o incluso una clave de madera también anillada, nos demuestran que el tramo tres siempre fue problemático, y esto por no disponer la iglesia de un debido acabado. Por último, respecto las causas de daños, sabemos que el campanario fue alcanzado en el año 1950 por un rayo, hecho que hizo resentir una parte de su fabrica y de la cubierta.

    • F. 15
    • F. 16
    • F. 17

Las lesiones de agrietamiento y de separación de elementos de la bóveda estuvieron agravadas por la penetración prolongada de humedades procedentes de la deficiente cubierta y de los muros perimetrales con el material de las juntas desintegrado (F.18).

    • F. 18
    • F. 19
    • F. 20

En el presbiterio la separación de nervios y la bóveda, con desajustes entre las dovelas de los nervios fue menos acentuada y se debió sobre todo a lavado de material de juntas, es decir la causa eran las humedades (F.19, 20).

Nota: Es interesante apuntar que existe una sutil diferencia en la labra de los elementos de piedra del tramo tres y del presbiterio realizados todos en piedra caliza de muy buena calidad. Aunque los perfiles de los nervios y la decoración de las claves se repiten -motivos florales estilizados y la traiga (escudo de Traiguera-) el tratamiento de la superficie pétrea en el presbiterio tiene aspecto todavía medieval. Aquí todas las aristas están bien definidas y trabajadas con distinta herramienta; la crucería en general está tratada con mucha sensibilidad. En cuanto al tramo tres, todas las labras son iguales, tienen un semblante tipificado. Las superficies uniformes parecen anunciar que sus canteros pertenecen ya a otra época, al manierismo.

Esgrafiados

Los revocos esgrafiados con ornamentación vegetal del interior de la iglesia en Traiguera, realizados sobre un revoco más antiguo en el presbiterio, se pueden considerar como una obra única en su género que sobrepasa las fronteras de la región; se puede afirmar que se trata de una obra excepcional también en contexto a nivel Europeo. La excepción reside no sólo en la extensión de los esgrafiados que en la época de su realización cubrieron todas las paredes y bóvedas de la iglesia sino sobre todo en la originalidad de la técnica utilizada. Mientras que para los esgrafiados en el resto de Europa, tradicionalmente se empleaban tecnologías a base de cal, en Traiguera, como lo demuestran los análisis efectuados, sirvió el yeso de aglomerante. Hay que remarcar que, igualmente, la técnica utilizada en el corte de las superficies vegetal es muy específica y que intencionalmente se resalta la impresión de una decoración luminosa de alabastro. Sin duda alguna la obra fue creada de manera artística y artesanal excelentes.

Daños

Antes de comenzar los trabajos de restauración se realizó un extenso sondeo y análisis dirigido a determinar el alcance, carácter y las causas de los daños. Estos trabajos se organizaron con suficiente antelación a la intervención, para poder así elegir las técnicas de limpieza y conservación más adecuadas.

Las clases de daños se pueden agrupar en cuatro categorías según la apariencia y su causa:

a) Desintegración material del revoco base, con la consecuencia de separación del esgrafiado. La causa es la penetración prolongada de agua a través de fisuras en la estructura base. La degradación material se ve puntualmente acelerada por la indeseada presencia de sales agresivas.

b) Separación de las dos capas de esgrafiados del revoco base, causada por falta de adherencia y por daños estructurales en los muros y bóvedas.

c) Separación de la capa superior del esgrafiado, unida a su lavado y posterior desaparición. Este daño se centra sobre todo en los enjarjes de nervios y senos de las bóvedas: son zonas donde más se acusa la acumulación de agua de lluvia.

d) Cambio de colorido –oscurecimiento- de la capa superior causada por una mezcla de sedimentos superficiales –polvo, hollín, residuos de humo- con el intonaco bianco y con el agua de lluvia que penetra por los muros con un deficiente rejuntado.

2. OBRA

La finalidad de las obras fue la de restablecer la homogeneidad material de la fábrica de muros, la continuidad de la crucería pétrea, así como su unión con la bóveda y restauración de los esgrafiados. Dado que se trataba de una obra de emergencia, sin proyecto previo, se ido mucha importancia al estudio continuo de los elementos a intervenir, pues fue importante conocer a fondo los distintos componentes del monumento, entender la relación de daños y causas y así decidir y realizar con seguridad el tipo y las secuencias de las intervenciones.

Muros

Primer paso era consolidación superficial y volumétrica de la mampostería y de la piedra labrada. Así se descarnaron y limpiaron de mortero degradado la mayoría de las de juntas de los muros perimetrales y parte de los contrafuertes. A continuación, para restablecer la continuidad de los paramentos, estas, se retacaron en profundidad con mortero mixto de cal, cemento blanco, arena de río lavada, gravilla y pigmentos de tierras naturales. Una especial atención se centró en los volúmenes agrietados localizados a la altura de los enjarjes de los nervios a ambos lados del paramento oeste de la nave y también en el presbiterio. En estas zonas se procedió a filtrado al volumen interior, a través de embudos, de mortero mixto de cal y cemento blanco, de consistencia fluida. Se trataba de un proceso repetitivo, es decir hasta el completo relleno de todas las oquedades. Proceso previo a filtrado fue el retacado de juntas (F.21, 22, 23).

    • F. 21
    • F. 22
    • F. 23

Cubierta (plano 5)

Como ya se ha descrito, la cubierta con su poca pendiente de 23% siempre fue un elemento de preocupación. En la presente intervención se colocaron, debajo de la teja árabe nueva, unas placas tipo Onduline, fijadas al tablero con un sistema de tornillos específicos. Estas al mismo tiempo permiten airear la base y frenan toda la posibilidad de entrada de agua. Además, para dotar de una buena ventilación el espacio entre la superficie de tejas y las bóvedas y por consiguiente librar éstas de la indeseable humedad, se practicaron en el tablero base de las dos vertientes unos orificios situados en tres filas horizontales (F.24).

    • F. 24

Al tratar el tema de los desagües, se opto por la restitución del sistema antiguo, pero realizado con materiales impermeabilizantes actuales. El estrecho y testimonial canalón de piedra, se protegió con relleno de gravilla y Geotextil. La obra nueva se realizó conjuntamente con la elevación del murete perimetral de coronamiento (F.25, 26, 27).

    • F. 25
    • F. 26
    • F. 27

Bóvedas

Bóveda tabicada

El proceso de consolidación de la única grieta de la bóveda se compuso de los siguientes pasos: primero, el cosido de la grieta en toda su longitud, con grapas de varillas de acero corrugado; siguió su relleno en profundidad con mortero mixto de cal y cemento blanco. Por último toda la superficie de la bóveda, delimitada lateralmente con tabiques, se consolido con una capa de hormigón ligero a base de Aralita,previa colocación de una malla electrosoldada (F.28, 29).

    • F. 28
    • F. 29

Crucería dovelada

Dentro de la iglesia, se trató de la restitución de la unión entre las distintas dovelas de los nervios, así como de la unión de estos mismos y la bóveda, y se efectuó en la casi totalidad de la crucería estrellada del tramo tres, incluías las tres claves centrales. Para este proceso se requería el apuntalamiento de todos los nervios. Primero se eliminó, con cinceles y sierras finas, el mortero degradado y se limpiaron las zonas a tratar con cepillos y aspiradora a baja presión. El mortero utilizado en el rejuntado, aplicado con espátulas y en toda la amplitud de las juntas de unión, era mortero mixto de cal y cemento blanco. A esta intervención pertenece también el relleno de la separación entre la bóveda y el arco fajón del paramento poniente. Cabe añadir que se respetaron las dos antiguas reparaciones con anillos de hierro forjado de las claves (F.30, 31, 32, 33).

    • F. 30
    • F. 31
    • F. 32
    • F. 33 Aspecto final

En cuanto al presbiterio, el daño de separación entre los nervios y la bóveda no era tan extendido, sino que estaba centrado puntualmente en la zona norte, donde en su día cayó una campana. No obstante, la falta y la degradación de mortero de unión entre las distintas dovelas debido a humedades eran elevadas.

Al proceso de la restitución de la continuidad de los nervios pertenece la restitución puntual de una dovela de la crucería del tramo tres caída en el pasado y del nervio tercelete de madera descompuesto en el presbiterio. El material nuevo elegido fue igual al original, es decir piedra y madera respectivamente; la forma de los elementos es también idéntica al original. En la unión mutua de piezas -restituidas y preexistentes- se utilizó mortero mixto de cal y cemento blanco (F.34, 35).

    • F. 34
    • F. 35

Revocos esgrafiados

El estudio previo acompañado de toma de muestras representativas para las distintas superficies dañadas ofreció el material para la realización de pruebas en laboratorio. En primer lugar se debería averiguar la composición material del revoco base y de ambas capas de los esgrafiados. Por este motivo se realizó un análisis químico: aquí indico solo la aproximada proporción volumétrica que es: la mezcla de yeso en forma de anhídrido CaSO4, cal aérea CaO y aglomerante: 1 : 0,6 : 2,5.

El primer paso fue un complejo proceso de consolidación, tanto superficial como en profundidad; su finalidad fue la de fijar el máximo del conjunto de capas parcialmente desprendidas de la base. El trabajo auxiliar era asegurar con placas de cartón grueso, ante el peligro de caída inminente, las zonas totalmente separadas (F.36, 37, 38, 39). En el proceso se han realizado cientos de micro taladros, elegidos de forma que no dañen la ornamentación. El material utilizado para la fijación fueron las siguientes disoluciones aguosas, aplicadas con jeringuillas: de cal, metacaolin, yeso, polímeros de acrílicos o silicatos. El trabajo iba acompañado con el retacado de grietas y fisuras y micrococidos con varillas de acero inoxidable. A lo largo de la consolidación se prestó una especial atención a los pequeños y muy dañados detalles de la decoración vegetal y al revoco base.

    • F. 36 Los puntos rojos indican filtrado
    • F. 37 Retacado de fisuras
    • F. 38 Filtrado
    • F. 39 Filtrado

La siguiente tarea consistió una profunda limpieza de esgrafiados, eliminando todos los sedimentos superficiales, en parte muy aferrados a la materia a limpiar (F. 40). Las técnicas empleadas fueron la aspiración a baja presión, una cuidadosa aplicación de vapor y la limpieza con pasta de pan. Al mismo tiempo, y en zonas escogidas, se colocaron apósitos de desalinización (F.41). Este último trabajo fue indispensable, ya que los sondeos en profundidad mostraron la contaminación con sales debido a prolongado tiempo de penetración de agua de lluvia en las bóvedas y muros.

    • F. 40 Limpieza
    • F. 41 Apósitos de desalinación

La etapa fundamental de toda la intervención fue la restitución de zonas con decoración totalmente o parcialmente desaparecida (F.42, 43). Se procuró salvar hasta el mínimo fragmento del original y componerlo en la superficie restituida. El material empleado se basó en los conocimientos adquiridos durante los análisis materiales. En los sitios con pérdidas extensas de esgrafiados fue necesario primero recurrir al calco de la decoración existente en papel vegetal, y transferirla a las zonas elegidas.

    • F. 42
    • F. 43
    • F. 44 Restitución de zonas faltantes

El proceso final fue la entonación cromática de las zonas restituidas para integrarlas en el conjunto original (F.44, 45).

    • F. 44
    • F. 45 Aspecto final