Mafra

“El convento de Mafra es grande. Grande es el convento de Mafra. De Mafra es grande el convento. Son tres maneras de decir, podrían ser algunas más, y todas se pueden resumir de esta manera simple: el convento de Mafra es grande (…) Vio el viajero la galilea, con las estatuas que vinieron de Italia: tal vez sean obras maestras, quién es él para ponerlo en duda, pero lo dejan frío, frío. Y la iglesia, amplia, pero desproporcionada, no consigue temperarlo.”

Viaje a Portugal, José Saramago

 

Tras leer “Memorial del convento”, de Saramago, decidí repetir el largo y penoso viaje de la cantera a la obra de la enorme losa que, colocada sobre dos altas columnas, remarca la entrada del complejo barroco y hace de balcón desde el cual el clero se dirigía al pueblo.

La losa, con alma de sufrir, y otra pequeña piedra labrada, recogida en el pavimento de la entrada, se convierten para mí en piedras homenaje: a los albañiles, maestros de obra, canteros, a la voluntad de construir sus sueños. Es una piedra de homenaje al sacrificio humano producido por los sueños ajenos y grandilocuentes de quienes ansian edificar obras desmesuradas, pero, en definitiva, vacías de espíritu.